Aramusa28

Sobre Arte y algunas de sus manifestaciones

Archivar para el mes “junio, 2015”

POLÍTICA   POLICROMADA EN MAYÚSCULA 

IMAGEN DE POLÍTICA POLICROMADA

Yo no entiendo de política,

Yo no sé absolutamente nada de política.

Yo no soy politóloga.

Sé de Justicia y de Paz,

de Amistad y de Verdad;

Rosa Amaranto entre Naranjas.

También yo sé,

de Odio y Mentira, de Desamor,

de la Opresión más absoluta,

y del Dolor en el Silencio;

de Azul Marino.

Conozco bien la Depresión,

y del pretexto de la Locura,

de Aberraciones, de Oportunismo,

de Corrupción, Única idea;

Rojo Partido.

Quizá yo sepa para mi pena,

de Tiranía, de Dogmatismo,

de Monarquía y de Fascismo,

de la Prisión; de Verde Olivo.

Aún no comprendo

la Diplomacia, la Hipocresía,

el Doble juego, la Conveniencia,

el Sin Derechos; el Gris Plomizo.

Quiero confiesen aquello oculto;

la Indiferencia, los Laberintos,

el Satanismo con sus Complots,

y de la Muerte; el Negro Abismo.

Puedo imaginar, ojos empáticos,

loca alegría de los colores,

manos unidas,

la Libertad llena de Amor;

de Rosa Fucha con Blanco Espuma.

Percibo acaso con la Intuición,

la Inteligencia, Sabiduría,

todo el talento de los Dorados,

de rubia arena; del Amarillo.

Yo no entiendo de política,

yo no sé absolutamente nada de política;

yo no soy politóloga.

Sólo de colores hoy sé,

de Blanco Sucio, de Negro Llanto,

de Índigo golpe, Verde tortura,

y hasta de Sepias de la tristeza

.Sé de matices para el mañana,

de Transparencia de un Nuevo sueño,

de Rojo Vida, Lila Violeta;

de Rosa Blanca de mi Martí.

analuisa.rubio@yahoo.com

Junio 27 de 2015

Mi padre, alias “Belleza”

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Le decían “Belleza”… ¡hace tantos años!

Eran los tiempos del fanatismo histérico por aquel bardo y actor argentino, Hugo del Carril, que llevó a tantas inocentes doncellas a sufrir ataques de histeria extremos que les costó la existencia, marchitada a destiempo de un suspiro.

—¡Cómo te le parecías! (A Hugo) -decían todas y todos— Te hinchaba de vanidad la idea.

Era tanta la gracia y la clase conque Dios le vino en gana dotarte, que hasta algunos de tus machos amigos, “varones probados” de la época, te envidiaban con dolor.

Tú caminabas orondo, pisando fuerte con tus zapatos de dos tonos, de modo que desde  una considerable distancia, cada princesa del barrio, quedara advertida de tu presencia perfumada con tu esencia preferida (Old Spice)

Tu traje a la moda, impecable, de origen oculto, quizá obsequiado “bondadosamente” por alguna viuda ansiosa de lecho vacío, muy bien cepillado en el amanecer para borrar alcobas furtivas, tu sombrero alón ligeramente de lado y ese detalle imprescindible para sellar tu hombría, tu cigarrillo, también llevado con tu sensual modo, sin apretado labio, sino más bien con una leve caída de quien se siente seguro de dominar cualquier desliz de lo que lo adorna,  precedían tu halo de rey pueblerino.

Se sentía el crujir discreto de las viejas maderas de puertas y ventanas que se entrecerraban tratando de disimular las miradas furtivas y golosas de tus fans. Te adoraban.

Muchas te aguardaban desde la mañana, bañaditas con gajos de Colonia, entalcados sus cutis nuevos con polvos de arroz para aparentar la palidez de la pureza  y emperifolladas con sus  tules y  sus organzas  encima de sus enaguas de tafetanes y encajes azules o rosados de supuestas vírgenes ingenuas. Querían ser las primeras para que no ocurriera, que alguien osara gastarte antes con su mirada voraz cuando decidieras honrarlas con tu paso por sus calles.

Te decían “Belleza”. Lo eras.

El día que Dios te hizo, debe haber sido una mañana de esas de calma chicha que rodea alguna vez esos páramos olvidados como aquel pueblito donde creciste, por lo que Dios, para no aburrirse, decidió hacer algo bueno, especial y bello. Te esculpió a  ti y en el colmo de las bendiciones te dibujó esa sonrisa, tu arma secreta, con la que  sedujiste al mundo que se puso a tus pies de apolo pobre,  pero elegido del cielo al fin.

¡Belleza! así te apodaron desde siempre. Las leyendas se tejieron como telarañas a tu alrededor, algunas buenas, otras muy malas. Te honraban y te perdían.

Tanto amor clandestino y frustrado. Tanta historia enredada haciéndote tropezar, confundieron durante demasiado tiempo tu imagen en mi pequeña sabiduría.

No tuve la suerte de repetir en mí, el color de tus ojos verde azul, azul verde con tonos grises de acuerdo a tu humor y que usabas con maestría para tus fines de sátiro, entornándolos castigadoramente para acallar cualquier rebelión femenil.

No heredé tampoco, esa indiferencia y actitud impasible casi hierática ante las grandes tragedias de la vida, conque lograste evadir las nubes del destino y mantenerte incólume y con la sonrisa intacta.

Una sombra negra consumida por la envidia y los celos trabajó por años para separarnos  y logró que nuestros cuerpos hoy no puedan abrazarse estando tan cerca, que  no pueda tocar tus canas amadas, que no puedas tocar mi ausencia. No importa padre.

No logré nunca ser la hija perfecta, no lograste tampoco ser el padre adecuado.

Ahora ya no cuenta. Somos adecuados y perfectos para ti y para mi.

Tu amor importa, mi amor cuenta.

Tu y yo hoy, por el poder del perdón de Dios que sembró en nosotros.

Dios, tú y yo. Nadie más.

Soy tu rama primigenia, soy tu niña grande, eres mi padre niño, estoy en ti y estás en mí.

Estas en mi sangre, estoy en tus genes. Eres mi célula madre, soy  tu célula hija

Mi ADN te busca tu ADN me encuentra. Mi alma te ama, tu alma me adora.

Irremediablemente contra toda barrera, hoy a alguna hora, en algún instante, mi corazón y el tuyo, se besarán en secreto.

¡Felicidades papi!

Una palabra para continuar (otra más)

Me gusta escribir, siempre, desde niña  me ha gustado escribir (y hablar, para preguntar por qués y ser muy sabionda).

Esa impaciencia innata que me acompaña desde que llegué a este planeta efervescente, me convenció por casi toda una era, de que no podía ser capaz de escribir pues “nunca” me sentaría detrás de una “maquinita” por horas, a enredar palabras, mientras se podía  jugar con la arena, o tocar una nube con las alas de mis hadas o amar a la deriva o sembrar un milagro.

No, eso no era  para mí, yo debía caminar mucho con zapatos grandes para llegar bien lejos. donde me esperaba  mi sueño.

¿Pero… y poeta? ¡Poeta yo! ¿Yo poeta? No sé.

Verdad que me gusta dibujar palabras que canten bonito, y tengan más colores que los que ve  la montaña y vuelen tan alto que las toque  Dios.

Sin embargo, definitivamente no podía ser escritora con esa jiribilla en la sangre, que no me hacía quieta, ni me dejaba posarme por un rato ni en una calabaza.

Y pasaron los años y crecí, crecí tanto que casi me deshojo y se me enfrió la sangre en la sorpresa de lo absurdo, ante  el dolor que rezuma la corteza de mi patria.

Ya no voy como el correcaminos, ahora mis pasos me duelen en sus marcas, pero ahora sé que puedo escribir, no como Cervantes ni como Lorca o Vallejo pero sí como yo, con mis imprecisiones y mis despistes y aún desde adentro.

¡Voy a escribir! A pesar de los que me niegan y me cuentan años como el que contabiliza estrellas que se les esfuman, pues los años y las estrellas son luz de vida incontable.

A lo mejor, quién sabe, con este vivir tanta historia increíble de las verdes y las maduras, con este dejar mi esqueleto trabado en una riña por honor, con esta defensa a ultranza de mi derecho y de mi izquierdo, va y se me dan, muertas de amor por mí, las palabras necesarias para decir con algo de talento y hasta con la mesura imprescindible que me haga creíble ante los que no me sienten.

Necesito esas palabras para ayudar a los míos con mi decir, escribiendo, denunciando de aquí hasta la luna, toda, todita la maldad de esos gnomos advenedizos que se han robado la savia de mi tierra.

Fue así que un día, cuando creí que se me había ido despavorida cada letra a otra galaxia del tiempo, y se me quedaron mudas  las palabras que suenan a esperanza y me desmayé de miedo por  las miles de horas en el desierto  y olvidé escribir;  una sola de ellas, una aparente  sencilla palabra que se quedó rezagada en la estampida, logró levantarme y me sostuvo con su aliento la cordura.

Estaba sola, era única y parecía una indefensa palabra, Libertad.

analuisa.rubio@yahoo.com

15 de Junio de 2015

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