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Sobre Arte y algunas de sus manifestaciones

Archivar para el mes “septiembre, 2015”

Mi mejor maestro de escuela: Julio Lot

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Tenía, cuando recién me gradué de actriz, allá por los años 70s, un Director de programas radiales y ex profesor de actuación de la Escuela que fue parte de los que  nos formaron en la profesión como actores, y al que todo el grupo de noveles o la mayoría, adorábamos.

Se llamaba Julio Lot y era gay, pero con “discreción” de acuerdo a la época que se vivía, y el país en que  nacimos, donde el homosexualismo era casi un delito por el que se podía perder todo; prestigio, trabajo, familia amigos, bienes materiales, sumado al sufrimiento de un despiadado bulling, e incluso, hasta la pérdida de la vida en casos extremos.

Imagino que muchos cubanos todavía recuerden algo de aquella cacería de brujas homofóbica, sobre todo si se vivía en el infierno comunista que nos tocó como Karma, donde el extremismo, (Orientación sexual aparte), era la característica intrínseca de esa sociedad totalitaria, expresada histéricamente y con la  más indigna maldad por sus acérrimos oportunistas, y que dejó ese triste y deshonroso recuerdo de sitios como la UMAP en Cuba.

Julito, que así le decíamos, era sin embargo, nuestro profesor y Director de programas de Radio estrella. Era un profesional absolutamente genial, no solo en su labor desde el punto de vista técnico como Director artístico, sino además por su enorme derroche de talento creativo en su especialidad, para colmo de la envidia de sus detractores homofóbicos y como  si no fuera suficiente, con la posesión estridente de una cultura que en el mejor sentido, era apabullante a pesar de la humildad conque él trataba de disimular el gran hombre que fue y que por justicia merecida, finalmente logró ser reconocido años después, para total escarmiento de los “machos comunistas” y en contra de todas las barreras de prejuicios del PCC (Partido Comunista) que lo acusaba a sus espaldas de “Diversionismo ideológico” por ser “pato”, pero que tuvieron que otorgarle la medalla a  “Trabajador mas destacado del año”

A Julito le resbalaba este tardío reconocimiento, pero lo disfrutaba como su trofeo de  venganza personal de los mediocres que no lo querían, algo que yo percibía en su rostro casi inexpresivo cuando se lo proponía a través de una mal disimulada sonrisa socarrona por debajo de su aparente sobriedad. No eran tiempos de juegos.

Julito era mi “Pepe Grillo”, uno de esos contados mejores amigos  a que se puede aspirar en nuestro paso terrenal y el ser humano que aún hoy escribiendo este post,  me duele el escondite del corazón donde guardamos las almas que nos han acompañado en el viaje hacia la luz universal. Eran tiempos de gente entera.

Julito era espectacular e irrepetible. Siempre se hallaba  rodeado de un grupo de nosotros, los actores jóvenes de aquella época, escuchando la inagotable fuente de cuentos, anécdotas e historias, con los cuales casi nos babeábamos escuchándolo, era nuestro mago de Oz, pues para rematar tanta bendición, poseía un carisma de orador tan original que sencillamente nos abducía.

Como no existe la perfección humana, para algunos, Julito siempre estuvo rodeado de un halo de duda hasta cierto punto graciosa en lo referente a la veracidad de sus interminables anécdotas

Nunca se pudo adivinar a ciencia cierta, hasta qué punto, cuál de esas anécdotas o sus personajes eran totalmente reales, o producto de su  gran talento imaginativo como característica inherente a su creatividad.

¿Inventada para seducirnos con su despliegue histriónico?

¿Se estaría burlando un poco de nosotros a la vez de divertirnos? –Comentaban otros.

Yo, que nunca he dejado de recordarlo y utilizar un poco de la sabiduría que logré aprehender de él, estoy convencida de que fue un ser humano tocado por la magia divina, un elegido para recibir sus dones del cielo y  que él sólo los utilizó para dejarnos con cada una de sus historias lo máximo que puede dejar un maestro a sus alumnos, un legado invaluable e implícito en cada palabra o cada performance de los que se valió:

Valores, Cultura y Amor. De eso se trataba.

No podría recordar todas y cada una de sus historias, anécdotas, que logré absorber de su compañía y más allá, percibir y hasta intuir de sus enseñanzas.

Se agolpan en mi mente muchas de ellas, algunas siempre me harán llorar, otras reír, pero ninguna es banal o irrelevante todas para mí, son parte de esos tesoros que llevo en ese baúl  inmaterial para seguir creciendo.

Hay una pequeñita pero que adoro y ha sido muy útil para otros a los que a mi vez se la he trasmitido.

Un día fuimos invitados un grupo de alumnos al pequeño pero encantador apartamento de Julito. Para nosotros tan jóvenes e inmaduros aún, era un gran acontecimiento, ya que creo que todos sabíamos que no era muy usual que Julito compartiera su espacio privado a no ser con  los muy pocos privilegiados, que él ya hacía mucho, había seleccionado como parte de sus amigos personales y esos no éramos precisamente nosotros, al menos no todavía.

Yo en lo particular, me consideraba de sus recién escogidos más cercanos pero jamás soñar acercarme a sus dos verdaderos y grandes amores: la gran escritora cubana Dora Alonso con su amado Fausto, su esposo. Julito tenía una amistad muy bella con ella, la admiraba y quería a un grado de diosa viviente.

Capítulo aparte, merece su amor platónico diría yo, su ángel y demonio, el ser que adoraba hasta un extremo, que nunca he logrado ver  una amistad  tan inconmensurable como esa; Antonia Valdés, la gran actriz cubana de todos los medios  desde sus inicios, aunque lamentablemente para nosotros, conocida ya en sus años altos, sin que eso significara la más mínima perdida de su talento único e inimitable y a la cual, a pesar de no tener para nosotros ese carisma especial de Julito, en el plano personal digo, por tener una personalidad más reservada y dramática, también aprendí a querer mucho, seguramente influida por el propio amor que Julito le profesaba.

Esa tarde en casa de Julito, luego de que él desplegara, todo ese carisma hipnótico conque nos deleitaba, en su zona de confort, su hogar amado, luego de una pausa en nuestro encuentro, decidió honrarnos con un café que él definía como una de sus especialidades culinarias.

En efecto, su café fue delicioso, pero para mí, que siempre escudriñaba  todo su actuar, creyendo tal vez inocentemente en esos días que algo de tanto talento y conocimiento se me traspasaría por ósmosis, (Ja Ja, la juventud)  no pasó inadvertido para mí, un hecho muy particular en su interacción con su adorada Antonia, que desde mi cultura tan pequeñita aún, no correspondía con lo que yo entendía por normal o lógica.

Llegó el momento de despedirse y muy sutilmente, creía yo, traté de ser de las últimas pues necesitaba hacerle la gran pregunta del año, para mi sana curiosidad. Siempre he estado ávida de aprender cada detalle que la vida quiere mostrarme para mi crecimiento, lo que me ha llevado a veces a ciertas situaciones no siempre agradables, pero las cuales nunca he permitido que hagan morir ese niño interior que todos llevamos y que ninguno debía perder. Por ello nunca he dejado de preguntar ¿por qué? a pesar de los riesgos que puede implicar esa “simple” pregunta.

Ya casi en la puerta para irme y creyendo  que era fácil la respuesta que yo esperaba, y para no ir más allá de la medida de lo pertinente, aunque con cierta timidez, le comenté como quien deja caer.

— Julito, ¿por qué cuando usted nos sirvió el café, a nuestro grupo en general, en unas tacitas muy lindas, cuando le tocaba la de Antonia, usted se paró de su comodidad y buscó encarecidamente  una tacita diferente, especialmente lujosa, con ribetes de oro y todo?  ¿Por qué precisamente con la persona con la que usted tiene la mayor intimidad y confianza, consideró necesario tomarse tanto trabajo? Perdone si pregunto algo que no debo.

Casi esperaba un ligero regaño de su parte por entrometida, sin embargo, como todo hombre realmente sabio, esta fue su respuesta.

–Ay Anita, eso es lo que más admiro de ti,  ¡eres tan auténtica! Es normal en una futura actriz ser así, observadora, algo esencial para ser buena en tu carrera. Esa característica hace la diferencia en muchas ocasiones.

Escucha bien, cuando ames verdaderamente a alguien nunca olvides los detalles. Con la persona que más ames, amigo, pareja o aquello vivo que sea para ti especial, es con quien más debes esmerarte, es a quien más deberás cuidar, atender, mimar y sobre todo respetar.

El respeto requiere todo ese esfuerzo. Cuando tratas así a quien amas y lo disfrutas sin esperar a cambio alguna recompensa, es porque conoces el verdadero valor del amor y verás que sólo así se logra ser amado de la misma manera, y eso es muy reconfortante, le da mucho placer y alegría a uno mismo.

El amor es un bumerang, que si pones atención no sólo en darlo, sino en cómo enviarlo, es un bumerang que siempre regresará a ti con la misma cantidad de vibraciones o decibeles conque se entrega.

analuisa.rubio@yahoo.com

1 de septiembre de 2015

 

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