Aramusa28

Sobre Arte y algunas de sus manifestaciones

UN TÉ CON LAURA (reedición de un homenaje eterno)

 

Parecía un encuentro casual, tú andabas de la mano de tu gran amor, feliz con ese bocado de alegría que habías logrado rescatar después de tantos años de sufrimiento; caminar enlazada de la mano, prendida de sus ojos, como cuando eran novios, cuando tú simplemente eras una buena muchacha, maestra, casi tímida para los que no te conocían bien, pues no hablabas mucho pero sonreías a menudo, alguien por quien ninguno de tus amigos hubiera apostado como la voz de un paradigma.

Pero ya eso era pasado hacía mucho tiempo, ya tú sabias todo eso, ya tú sabías quizás aquello que nunca hubieras querido saber, porque hubiera significado no vivir tanto dolor material e inmaterial, que iría carcomiendo traicionero tu presencia de mujer entera.

Como mujer sabia que eras, también presentías lo que se avecinaba; tu intuición en esos días estaba afilada con el filo de lo inminente.

Te vi venir y crucé a saludarte, porque sin poder explicarme la razón, cada vez que te veía, sentía algo interiormente parecido al reconocimiento de un alma ya encontrada en un sitio remoto de la memoria, que no alcanzamos a recordar; como cuando sin saber de dónde viene esa energía renovadora, recibiéramos un viento fresco que nos alivia de tanta carga acumulada.

Sería la despedida de dos almas que se cruzaron fugazmente, el tiempo preciso para reconocerse en sus bondades y dejar hecha una cita para un próximo encuentro en un tiempo aún no existente.

Era como si estuviéramos saldando cuentas necesarias antes de un viaje para el que ya tú tenías preparadas las maletas y como buena maestra, no soportabas el desorden; todo tenía que quedar organizado y bien archivado.

Hasta que en su momento, apareció sutil, tú príncipe a rescatarte quizás hasta un poco celoso del tiempo que posiblemente no les alcanzaba para mirarse a los ojos y besarse el alma, quizá con la premonición de lo que estaba por venir; la separación que serían de nuevo forzados a sufrir, pero esta vez, sin tiempo preciso; aunque ya tú conocías que tu destino y el de él, estaban enlazados como almas gemelas, por lo que en definitiva, no había de qué preocuparse.

Esa fue la última vez que pude hablarte de cerca, y tocarte con un beso de despedida. Después sólo recuerdo aquella tarde del 24 de septiembre de este año, cuando me estaban deteniendo en la esquina de tu casa y logré gritar tu nombre. Me pareció alcanzar a ver que te asomabas a la puerta y me hacías un gesto con la mano, quizá para tranquilizarme o para darme del valor que a ti te sobraba, como hacen las madres con sus hijos cuando están asustados, aunque ya sean grandes.

  • Hoy, 18 de Noviembre de 2011, sólo a un mes después de tu partida a un sitio mejor, en nuestro Té literario, posterior a ese día fatal, 14 de Octubre: logramos llegar la mayoría de tus Damas, burlando el cerco que nos hacen los represores de la Verdad, buscando cada una, las estrategias más creativas que nos fue posible, sorprendiendo así, imagino, a nuestros enemigos de siempre que confiados en su mentira, vamos a decir, vamos a suponer eufemísticamente, que “descuidaron” su asedio o como todos los abusadores, subestimaron la Fuerza imparable que ya alcanzó el Movimiento Damas deBlanco Laura Pollán.

Cuando ya me iba ese día después de tantas emociones y reconciliaciones interiores, no pude evitar percibir que la mayoría de nuestros enemigos, los que aún se veían apostados, estaban quietos, como quien está sobrecogido por algo incomprensible; fue por eso que sin poderlo evitar, miré intrigada a mi alrededor.

Poco a poco, sin poder adivinar exactamente de donde procedía, comencé a sentir una paz inexplicable justo ahora, en esta calle donde tantas lágrimas se han vertido.

Se me ocurrió de pronto, voltearme a mirar de nuevo la puerta del número 963 de la calle Neptuno y fue entonces que te descubrí, allí, asomada, como aquel día en que grité tu nombre pidiendo protección y me hiciste un gesto de aliento con la mano.

Comprendí entonces el por qué nuestros enemigos permanecían tan callados, por qué nos habían dejado cruzar esa puerta sin impedirlo brutalmente como en otras ocasiones.

Te habías ganado por mérito propio el RESPETO del mundo y ELLOS eran parte del mundo; estaban contra la pared.

Ya no podrían golpearte ni halar tu rubia cabellera nunca más, no podrían alcanzarte aunque quisieran, ya no, y me pareció adivinar un guiño irónico y cómplice en tus ojos sonrientes.

Ahí estabas tú, con tu mirada clara,  despidiéndote con un gesto de tu mano conocido ya por mí, protegiéndonos a tu manera y diciéndonos de alguna forma, que siempre estarías esperándonos en esa puerta para ayudarnos en lo que te necesitáramos y dispuesta a compartir un té con nosotras.

@na

19 de noviembre de 2011

PD. Hoy, sólo un año después de tu partida obligada, extraño mucho tomar un té contigo Laura.

Te necesitamos. Los seres como tú, son inimitables e inclonables.

14 de octubre de 2012

analuisa.rubio@yahoo.com

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Un pensamiento en “UN TÉ CON LAURA (reedición de un homenaje eterno)

  1. francisco rodriguez en dijo:

    es una joya este escrito y tu pagina…sin palabra

    Me gusta

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