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Sobre Arte y algunas de sus manifestaciones

Petrona está obstinada

PETRONA ESTÁ OBSTINADA

Petrona es una anciana cubana, decente, pero de carácter fuerte. Petrona está obstinada…muy obstinada de tanto abuso. ¡Hmm, pero hoy esto se va a acabar! – se dice.
Se encamina con paso aparentemente sosegado llevando su libreta de racionamiento en la mano y una jabita de nylon para echar lo que haya pues en MN no te la dan con la compra, y que ha lavado varias veces, porque cuando “hay” le cuesta cada una 1 CUP (MN, moneda nacional, peso cubano) y con su mísera pensión tiene que ser austera.
Va hacia el mercado destartalado y sucio donde compra obligadamente lo que “le toca”, o sea, los escasos productos que le pertenecen comprar al mes y que “estiradamente” logra que le alcancen aproximadamente una semana y después ¡a inventar! con su hambre sin subsidio.
Hay una cola (fila) enorme, como siempre que llegan las exiguas 11 onzas de pollo o media libra ,más o menos, dependiendo de quien pese, que “le dan” dos veces al mes, (“el pollo de población” y “el pollo por pescado” al cual añora).
Marca su turno y espera. Hoy oye apenas el ruido, no la deprime hasta dolerle como habitualmente el ambiente surrealista y la desesperación humana, de un realismo a lo Buñuel. Está demasiado abstraída pensando en cómo hará para sobrevivir, hasta que suceda un milagro, con los 3 CUP, pesos cubanos, que es lo que le queda en su viejo monedero.
Trata de darse ánimo y ponerse positiva como le dice una amiga. ¡No j…! Hay que sentir esto en carne propia para no hablar tanta bobería. El hambre no tiene amigos y sí un gran enemigo, la desolación.
Le toca su turno, entrega su libreta, le anotan su ración,( ni siquiera media onza más como premio merecido por resistir esta humillación, mes tras mes por 55 años), no, al contrario, siempre existe el miedo de que sea menos, como ha ocurrido últimamente con más frecuencia, con la espada de Damocles encima, esperando que un día les anuncien, que “se acabó el querer” y con él, tantas “gratuidades innecesarias”, su libreta querida, su tablita de salvación, aunque no sin antes pasarte la manito como a perro fiel dándote el consuelo falaz…“Nadie será desprotegido”
Despierta de su letargo y regresa al momento preciso en que le entregan su producto ansiado. Es entonces que escucha una voz chillona e impersonal de la mujercita que despacha que le dice – “70 centavos”. Le entrega su único tesoro, sus tres pesos cubanos y espera anticipando en su interior lo que ocurrirá. La mujercita con uñas acrílicas de esa caras y ropa no asequible para la mayoría de los de a pie aun siendo un profesional, le devuelve 2 pesos cerrados y ya. Ella la mira y respirando hondo (no es la primera vez) le dice:
–Me faltan 30 centavos (La gente la mira, cuchichean)
–No tengo cambio- dice la mujercita.
Se planta. Hoy no se va a poner el uniforme de carnero, hoy no. Sabe que nadie la va a apoyar, que es inútil dar la queja a cualquier instancia superior, que es una mafia muy bien organizada, demasiada corrupción vertical y horizontal, además de que cuando quien sea la autoridad pertinente o corrupto de guardia sepa que la queja viene de una de esas mercenarias de los derechos humanos, posiblemente termine, saliendo bien, con una multa por alteración del orden. Pero no le importa.
–Me faltan 30 centavos! -Repite robóticamente
–Oye tú, te dije que no tengo cambio! Le grita descompuesta la mujercita.
–Me faltan 30 centavos!!! Y Petrona repite ahora empecinada sin parar, lo mismo una y otra vez, en un increchendo imparable.
La mujercita se da cuenta de que no le convienen los comentarios que comienza a escuchar y resoplando, tira en el mostrador, sin dárselos en la mano, rabiosa, los “puñeteros” 30 centavos. Petrona los recoge calladamente, totalmente controlada y con cuidado, coloca 1 CUP en el mismo mostrador diciéndole al tiempo a la mujercita que la mira sin comprender.
–Ahí tienes como propina por “tu buen servicio” porque en definitiva, tú eres más pobre que yo, pero mis derechos como ser humano, no me los viola nadie sin que yo proteste. ¿Entendiste?
Y ante el silencio general de un público en su mayoría acostumbrado a la violencia de la marginalidad, sorpresivamente y para la frustración de algunos, Petrona se va caminando despacio y oronda sin mirar a nadie con su cabeza levantada.
Un anciano que desde el principio observaba la escena temeroso y cuidando de no involucrarse, en voz alta y con un brío nuevo de esos que te infunden los actos de osadía honesta de otro, casi gritó:
–“¡Caballero! si todos los cubanos tuviéramos la valentía y la dignidad de esa señora para defender sus derechos, se acabaría el abuso en Cuba y “otro gallo” cantaría en el corral de este gobierno”.
analuisa.rubio@yahoo.com
17/05/2014

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