Aramusa28

Sobre Arte y algunas de sus manifestaciones

¿Nacieron para ser felices…?

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Sonríe, siempre sonríe con esa sonrisa bonita que otorga la bondad.

Hombre enjuto de cuerpo más no de palabra amable. Duende de extra talla que va regando los trillos con semillas de ese hábito de pueblos y que en el nuestro se convierte en oasis del hambreado de bolsillo rasgado, de ese mismo tú o yo.

Con qué orgullo manisero te va ofreciendo su alimento sano y milenario con una casi imperceptible reverencia respetuosa, haciéndote sentir imprescindible para su labor, parte de ese eslabón perdido entre valores, pieza esencial de la correspondencia solidaria de los que se buscan el sustento regalando alegre servicio en el turno que les toca dar, más que recibir.

Y en esa lógica concluyente de lo dicho, una sorpresa, un detalle.

Una añadidura no esperada para los sumisos de mi tierra, para los rebeldes de la patria.

¡Carboncitos de amor! para que ese tradicional encucuruchado no te llegue distante o impersonal como uno más que apretuja metal de usura, sino auténtico y con sello distintivo de una calidad que sólo crean los que aman a su prójimo y que no se paga con moneda usada pues sólo espera otra sonrisa a cambio si acaso, con altruismo de pobre que le sobran tesoros para dar a los “tristes y cansados”, a los que no saben a quién dirigir la mirada ante tanto asueto de la empatía.

Debajo de ese barrilito contenedor donde se acomodan conformes cien o más espirales abarrotados de manís vanidosos de saberse los mejores de su barrio cubano, una hornillita sencilla y humilde, plena de lucecitas que tímidamente sin intención de molestar a los transeúntes, a esos clientes agradecidos que la mantienen despierta, echa a volar sus chispitas no muy alto, arropando con cordura al protagonista de su obra principal, el maní, enterito, fresco, crocante, como debe ser… y calentito.

Así su negocio improvisado, que no enriquece pero sostiene y por qué no, permite pequeños privilegios de abuelo complaciente, de padre con tolerados caprichos a su niña grande, de esposo aún enamorado de los mismos ojos que nunca perderán esa luz de efervescencia que lo volvió turulato en aquel baile cuando lo encandiló su azul de hada pueblerina.

Todo andaría bien para personas como ellos sin más sueño quizá que su casita blanca entre las flores, donde haya paz, de esa que sale de adentro y que impregna todo en derredor y se puedan “ajuntar” los domingos la familia a jugar un dominó sin molestar a los vecinos… que eso es importante, el respeto entre vecinos, que se lo enseñaron de vejigo muy bien enseñado, pues ese es tu hermano más cercano cuando te quedas solo…al menos así era antes…de este gobierno.

Todo andaría bien si lo dejaran trabajar tranquilo, porque lo del impuesto hay que esforzarse, pero se hace, aunque a veces se pone la cosa difícil con esos precios y la cantidad de cosas que durante años tenía prohibido y que ahora hay que resolver, para lo que tienes que volverte mago con sombrero de yarey.

El peor problema son los inspectores corruptos que se quieren llevar lo que tantos cartuchitos le costaron enrollar. Y esa retahíla de leyes que nunca existieron cuando Cuba era un país…bueno, pero que hay que aprenderse para no dejar la caminata y las ganas en una multa cuando te paras un ratico a descansar tus pies y tus años a la sombra de ese árbol que te gusta, porque no puedes estacionarte firme en ningún lugar de los buenos, donde se hace más fácil cantar tu manisada.

No te permiten trabar los zapatos y quedarte quieto aunque sea afuera o en la acera de enfrente, en uno de esos lugares importantes, donde te ven los turistas y te regalan el vuelto con el que le comprarías a Manuelita, la nieta, esa muñeca que parece de verdad, que la trae sonámbula en las noches y que se te parte el alma cuando vienes llegando en la tarde y ves su cabecita vigilante y ansiosa de esperanza de que sea el día que tú le prometiste que pronto.

Pero este gobierno insiste con su avaricia de control, negándose a que te pares ahí con tu hornillita errante que hace especial tu cacahuete, quizá porque tu imagen no fue incluida en su márquetin o porque en tu ropa barata y en tu sonrisa ahora triste aunque lo disimules, se adivina la desesperanza de un mañana que un día te vendieron y te lo creíste que iba a ser mejor y donde tendrías una vejez asegurada… ¡chist, no vendas maní hasta los 90 años pa’que tú veas!

O a lo mejor es que tu honestidad de hombre sano y decente que dice la verdad de lo que piensa, no conviene ser mostrada a los turistas mercenarios, que después van hablando “mentiras” por ahí y hasta a lo mejor por eso, tu Manuelita no tenga la misma muñeca que la de las hijitas y nietas de los abuelos presidentes y parientes, que también piensan pero no dicen la verdad.

Pero tú no eres de los que te rindes y aunque a veces se cansa uno, tú no te puedes cansar porque hoy es el día prometido y Manuelita dice que no hay más plazo.

Por eso esta mañana te tiembla algo la sonrisa cuando ya harto de tanto abuso te llevaste los carboncitos de amor a la salida de ese hotel, de los caros de verdad, porque ¡está bueno ya caraj! ¡Que hoy tú le llevas la muñeca a tu niña Manuelita!… o ¿es que acaso en Cuba “los niños no nacieron para ser felices”?

analuisa.rubio@yahoo.com

9/11/2013

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