Aramusa28

Sobre Arte y algunas de sus manifestaciones

“Nunca se siente en un parque de noche”…en Cuba.

(Necesito ua tregua mental, un poco de aire fresco, un respiro)

Era actriz como yo, hija de un locutor prestigioso. Se llamaba por aquella época María de los Ángeles Montoya, ahora sencillamente, María Montoya, la reconocida y laureada presentadora, conductora, periodista, reportera y mucho más, del mundo de la TV de Estados Unidos.

Como todas las grandes amigas, éramos diferentes en muchos aspectos, justo eso nos hacía complementarnos, pero en nuestra esencia soñábamos lo mismo, queríamos ser artistas famosas y…viajar.

Florecíamos tan perfectas y unidas como amigas, que formábamos nuestro propio Yin-Yang.

Sabíamos que no encajábamos aquí en una Cuba castrista, que había llegado la hora de partir hacia donde nos llevara la magia de nuestro polvo de mariposas. Ese tema era nuestra oración diaria.

Cada día era peor sobrellevar tanta mentira de este gobierno. Era difícil. Siempre fue, es y será difícil. “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”. Da ira recordarlo, sobre todo si ves como ahora “donde dije digo, dije Diego”.

Años antes, una mujer se me había acercado misteriosamente, una noche en que me encontraba sentada en un parque y me había dicho “nunca se siente en un parque de noche…”, como yo me sonreía incrédula recalcó… “le puede pesar”… y se perdió en la obscuridad, dejándome una sensación ambigua que no pude definir en ese momento.

No sabía por qué, pero a partir de entonces, siempre me resultaban incómodos, los parques de noche, a la vez que me fajaba conmigo misma internamente, por supersticiosa.

Por estos días, Mary (María a secas ahora) estaba enamorada como una guirnalda en primavera y aunque nunca nos dejábamos de ver del todo por muchas horas, sabíamos darnos nuestro espacio cuando era necesario. Me alejé un poco, sólo un poco, creí.

Esa noche bastarda, yo había salido por el barrio, no había opción, a dar una vuelta con una nueva adivinanza para mí. El pobre hombre tenía los bolsillos rotos y los míos andaban dando bostezos disimulados.

Un muchacho atractivo, sin dudas, pero sobre todo, usaba el perfume que me perdía; una conversación inteligente. Abstraídos en temas interesantes que se hilaban como madeja nueva, caminábamos por la calle Paseo en el Vedado, cuando nos sentamos, sin percatarme yo, fascinada como me encontraba con mi galán, en uno de los bancos de la avenida. Transcurrió casi toda la noche antes de que termináramos nuestro encuentro.

Dormí prácticamente todo el día siguiente. Yo no tenía teléfono en mi vivienda y no existía algo tan imprescindible ahora, un móvil, así que esa noche pasada y todo ese día dormido, desinformada, torcieron para siempre el rumbo futuro de mi vida y de mi amistad con Mary. “Camarón que se duerme se lo lleva la corriente” y me quedé atrapada en la roja red sin poder salir… ni entrar de cierto.

Era el año 1980 y Mary y su amor junto a una multitud, lograron arribar a la Embajada del Perú.

Fueron pavorosos esos días allí, me contaba después. Había todo tipo de elementos infiltrados, o no; gente muy peligrosa. Reinaba le ley del más fuerte, resistías las provocaciones y el abuso o…salías y volvías a la misma frustración diaria o peor. Afortunadamente, cuando salieron ya tenían salvoconducto para irse. No todos lo lograron igual.

Comenzaron los inenarrables “mítines de repudio”, los centros de trabajo te presionaban para que participaras junto a estas hordas fascistas. Hubo muertos. Me negué y me marqué…más

Ir a la casa de una de estas personas a verlas para despedirse con la atmósfera de histeria colectiva que se respiraba, como un vaho hediondo de podredumbre, era impensable para cualquiera que se quisiera y que se tuviera que quedar. Te podía ocurrir cualquier cosa, cualquiera. Pero yo tenía una estrategia. Nada me ocurriría.

Me puse un pañuelo bien grande en la cabeza, a la usanza de los años 50s, amarrado debajo de la barbilla y unas gafas negras no habituales en mí . ¡Y allá va eso! Temblaba por dentro.

Entré con tal decisión, que no me paró ni un arado. ¡Ja! lo sabía. Nadie me conoció. ¡Genial!

Fue una tarde de la que llevo cada detalle en mi memoria, como si lo hubiera filmado y me hubiera tragado el negativo para jamás olvidar. La tetera de té “legítima” de la antigua China, la miniatura de cajita registradora sin dinero pero con lentejuelas guardadas secretamente y… ¡las botas de 7 leguas! que todavía esperan, no me lo permitirían.

Cuando salía creí que me moriría del susto, ahí estaba la turba, parapetada. Casi cerré los ojos esperando lo peor… pero ocurrió un milagro. Allí estaba aquella señora con aires de animadora del show que “casualmente” días antes, en una conversación trivial y de pasada al yo visitar a Mary, me había manifestado que ella se sentía una artista frustrada y que “adoraba” a los artistas.

Ese día al verme, le vi cierta sorpresa emerger de su rostro; era uno de los tan repetidos momentos de “definiciones clichés” y supongo que yo era lo último que ella quería encontrarse ahí, la obligaba a definirse.

Pestañeó nerviosa, pero recuperándose, me dijo al yo pasar, en un tono muy bajo -¡Cuídese! – y casi imperceptiblemente hizo un gesto con la mano derecha al resto, como una ligera señal, que me permitió continuar y felizmente salir ilesa.

Me quité mi pañuelo grande de un tirón y mis gafas negras, evidentemente mi personaje no fue convincente, nunca se me darán los personajes “cifrados”, amo demasiado la verdad. Sin embargo, algo por dentro de mí se sentía realizado… me salvó la campana del Arte sí, pero más que eso, la solidaridad de cubanos que ese día humildemente, sin estoicismo, se rebelaron contra lo que les obligaban a hacer. Eran las primeras semillas.

Volví a ver a Mary en Cuba 13 años después y más tarde hace unos dos años. El tiempo es implacable. No somos las mismas y hay mucho tiempo de la una y de la otra que se nos perdió, Así, podemos extraviarnos de nosotros mismos y vagar sin ser reconocidos por los que amamos, como con un reproche escondido de dolor, aunque no atinemos a expresarlo.

¿Por qué te fuiste?… ¿Por qué te quedaste?

Un crimen por el que también pagarán ante Dios, los mutantes de este engendro diabólico.

Me queda una esperanza… un abrazo apretado…un día.

Ya no me disfrazo en una profesión de aparentar ser quien no soy, y digo al mundo, sin pañuelo, con la cabeza en alto, sin gafas oscuras, con la mirada de frente, la verdad de lo que pienso, a quien sea, incluso, a los sordos de espíritu.

He pagado el precio. Lo pago diariamente. Eso me hace libre.

Nunca me he vuelto a sentar en un parque de noche… por si acaso.

analuisa.rubio@yahoo.com

23/08/ 2013

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4 pensamientos en ““Nunca se siente en un parque de noche”…en Cuba.

  1. La vi un mediodía en el Banco de 23 y J, justo unas semanas antes de abandonar Cuba. Estaba cambiada. Aún así su cara me era muy familiar. Me hizo recordar no sé qué cosas de mi infancia -allá por los años ’80, cuando Cuba “reía”- en no sé qué aventura, novela, dramatizado… Fue como un golpe de nostalgia a la cara. Era ella. Una de las tantas que admiré, como también me llamaban la atención otras tantas, una Hilda Rabilero, una Susana Pérez, una Nitza Villapol, una Marianita Morejón… tantas y tantas caras que pasaron, simplemente pasaron. Pero ésta estaba aquí, tan tranquila, detrás de mí en una cola de banco que no se decidía a avanzar. Hablaba ella, con una señora que me seguía en la cola, y no pude resistir la tentación de -como todo cubano sociable- “introducirme” en la plática. La recordaba sí, y ella ni siquiera lo sabía, cómo iba a saberlo si ella actuaba para millones y yo en ese momento no era más que una estadística en esa isla.

    La oí hablar de agresiones, de golpizas, de derechos humanos. ¿Qué cosa habrá movido a esta mujer a hablar de semejantes temas prohibidos en público? ¿Por qué precisamente ella, la actriz, la mujer conocida???

    Motivos muy fuertes debieron amparar su actitud. Le decían loca, sí, pero no veía yo en ella la harta conocida locura. El delirium divorciado de todo raciocinio. Algo no compaginaba.

    Tuve que ver esas fotos, un día, a través del facebook, en que fue golpeada. Corroboré mis sospechas. No era locura, sino realidad.

    Y miré en dirección a la Estatua de la Libertad. Y no la vi. Y temblé, y me dio miedo por ti, Ana, y por los que sufren por cuenta de algo inmerecido y decadente.

    Estallan fuegos artificiales sobre el cielo neoyorquino, y yo anhelo el día en que estallen sobre el cielo de La Habana, sin que pasen cosas como esta.

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    • No Lenny no estoy loca, estoy comovida con su reflexión,que Dios lo bendiga y si esto que padezco de decir al mundo, la verdad de lo que ocurre en mi país y defender el respeto a los Derechos Humanos es locura, como diría mi pastor ¡Bendita locura!

      Ana

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      • Ser valiente y desafiar al poder totalitario y absurdo puede tomarse por locura,pero para los que emigramos en el fondo sabemos que huimos como cobardes y no enfrentamos a esa bestia de gobierno,hicimos que viviera mas años le dimos oxigeno cada cubano q emigro significo un adversario menos,como yo lo veo ahora ,solo puedo agachar la cabeza cuando veo y escucho cada video de ana luisa.Siento su dolor y me meto en sus carnes porque conozco los metodos fascistas del regimen.

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  2. Abel Gonzalez en dijo:

    Excelente su publicación Ana Luisa. Me gustaría que lea esto y me diga si tranquilamente no podría ser una publicación cubana.
    http://ideassospechosas.blogspot.com.ar/2013/10/quiero-que-me-devuelvan-mi-pais.html

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