Aramusa28

Sobre Arte y algunas de sus manifestaciones

Meditando con los poetas #3 (sólo por una fugaz semana)

“Hay un tiempo para nacer…hay un tiempo para morir”…y hay un tiempo para hacer un alto en el camino y meditar…de verdad. Lo demás, Vanidad de vanidades es.(Eclesiastés, cualquier versículo)

Cuando se suceden tantos eventos, sucesos, dolores,injusticias,  tristezas, alegrías, sinsabores, exitos, decepciones y así sin descansar, como un torbellino que te vira al revés, que te endereza de nuevo, que te transforma, te ensucia, te purifica, te alza o te entierra…hay que parar, hay que detenerse por un instante, hay que sentarse como el árabe a la puerta de tu tienda y…meditar…meditar… (“sólo en el silencio se oye la voz de Dios”)

Hay que tomar distancia y dejar de oirse uno mismo, hay oir el viento y sus murmullos, hay que oir las olas y sus secretos casi inaudibles, hay que oir la vida y a los que están despiertos, buscando, buscando, más allá, más alla, donde no se oye, se siente.

Cuando al fin encuentras ese lugar fresco en la hierba de remotas geografías, siéntate, relájate y escucha con los oídos del alma , la voz de sonidos reunidos de infinitas almas, que sólo quieren cómo tú que llueva amor.

Entonces, sólo por un instante eterno, calla y deja que otras luces te revelen lo que dejaste de oir y creías  perdido.

analuisa.rubio@yahoo.com

Del libro “El canto del pájaro”.

Anthony de Mello

  1. …“El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer.

Canta porque tiene un canto que expresar.”

  1. ¿Has oído el canto de ese pájaro?

Qué dices? ¿Qué has oído cantar decenas de pájaros y has visto centenares de árboles? Ya. Pero lo que has visto ¿era el árbol o su descripción? Cuando miras un árbol y ves un árbol, no has visto realmente un árbol. Cuando miras un árbol y ves un milagro, entonces, por fin, has visto un árbol. ¿Alguna vez tu corazón se ha llenado de mucha admiración cuando has oído el canto de un pájaro?

  1. El mono que salvó al pez

El sol que permite ver al águila ciega al búho.

  1. El coco

Desde lo alto de un cocotero, un mono arrojó un coco sobre la cabeza de un sufí.

El hombre lo recogió, bebió el dulce jugo, comió la pulpa y se hizo una escudilla con la cáscara.

Gracias por criticarme.

  1. Rebeldes domesticados

Era un tipo difícil. Pensaba y actuaba de distinto modo que el resto de nosotros. Todo lo cuestionaba. ¿Era un rebelde, o un profeta, o un psicópata, o un héroe? “Quién puede establecer la diferencia”… ¿a quién le importa?

De manera que le socializamos. Le enseñamos a ser sensible a la opinión pública y a los sentimientos de los demás. Conseguimos conformarlo. Hicimos de él una persona con la que se convivía a gusto, perfectamente adaptada. En realidad lo que hicimos fue enseñarle a vivir de acuerdo con nuestras expectativas. Le habíamos hecho manejable y dócil.

Le dijimos que había aprendido a controlarse a sí mismo y le felicitamos por haberlo conseguido. Y él mismo empezó a felicitarse también por ello. No podía ver que éramos nosotros quienes le habíamos conquistado a él.

Una sociedad que domestica a sus rebeldes ha conquistado su paz, pero ha perdido su futuro.

  1. La tortuga

Era un líder de un grupo religioso. Una especie de gurú. Venerado respetado y hasta amado. Pero se me quejaba de que había perdido el calor de la compañía humana. La gente le buscaba para obtener ayuda y consejo pero no se le acercaba como a un ser humano. No se relajaban en su compañía… era un hombre equilibrado, con perfecto dominio de sí…perfecto.

Y le dije: Tienes que hacer una difícil elección: ser una persona viva y atractiva o equilibrada y respetada…No puedes ser ambas cosas. Se alejó de mí con tristeza… Tenía que desempeñar un papel y ser respetado.

Parece ser que Jesús fue un hombre vivo y libre, no una persona superequilibrada y respetada. Sabemos con certeza que sus palabras y su conducta chocaban a muchas personas respetables.

  1. No cambies

Durante años fui un neurótico, Era un ser angustiado, deprimido y egoísta.

Y todo el mundo insistía en decirme que cambiara.

Y no dejaban de recordarme lo neurótico que yo era.

Y yo me ofendía aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar.

pero no acababa por conseguirlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba.

Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara.

Y también con él estaba de acuerdo, y no podía sentirme ofendido con él. De manera que me sentía impotente y como atrapado.

Pero un día me dijo: “No cambies. Sigue siendo tal como eres. En realidad no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte”.

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música: “No cambies. No cambies. No cambies”…Te quiero…”

Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo. Y, ¡oh maravilla!, cambié.

Ahora sé que no podía cambiar hasta encontrar alguien que me quisiera, prescindiendo que cambiara o dejara de cambiar.

¿Es así como Tú me quieres, Dios mío?

  1. Confucio el sabio

Una mano que está siempre abierta o siempre cerrada, es una mano paralizada. Un pájaro que no puede abrir y cerrar sus alas, jamás volará”

Anthony de Mello (1931- 1987)

Escritor y poeta

Sacerdote católico y Místico

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