Aramusa28

Sobre Arte y algunas de sus manifestaciones

EL BONIATO

El boniato.

Tubérculo comestible de la raíz de esta planta.

Allí estaban, en una parada de ómnibus, aparentemente huérfanos, aquellos dos sacos de hermosos boniatos, recostados el uno al otro, como buenos hermanos que se sostienen entre sí.

No sé en otro país, pero al menos en el mío, eso era altamente sospechoso.

¿Qué había ocurrido, para este aparente abandono de un “material” tan codiciado no sólo por los cubanos de a pie ( mi abuela me contaba que “antes de la Revolución” salvo excepciones , esta vianda sólo era consumida por los muy, muy pobres, vaya, los “muertos de hambre” o se les daba a los cerdos como alimento, el cual los chanchos devoraban gustosos)

Ahora se usa el término eufemístico, “de a pie”, por “muerto de hambre” y para los pobres perros, también de a pie o de calle, que no ven pasar la proteína la mayor parte del tiempo, este tubérculo es su tablita de salvación, lo que alivia en algo a sus angustiados y con complejo de culpa de sus dueños, que “resuelven” así, un problema tan complejo.

Pero sucede que hasta esta solución, se escapa cada día más de las manos o más bien de las bocas de los más desprotegidos, los cubanos de a pie y los perros (y gatos)

Si quieres ser el afortunado poseedor de dos sacos de boniato, fresquitos y no picados, tienes que, como siempre, ir por la izquierda a algún “socio”, que con unos cuantos CUC “deslizados” por amistad” te los reserve, hasta que tú vayas en tu vehículo motorizado, a recogerlo.

Comprenderán ahora mi asombro al ver aquellos “boniatillos” aparentemente abandonados en una triste parada del bus.

Claro que esta sensación no duró más allá de unos segundos, pues el afortunado propietario de los susodichos boniatos, preocupado parece, por mi mirada insistente hacia su carga, discretamente se acercó, para que no cupiera confusión al respecto, lo que dio lugar a una animada charla sobre el tema entre él y yo, que como cubanos al fin, ambos, las explicaciones se infieren.

Hablando del monotema andábamos cuando, como una vieja estampa de “antes de la Revolución” que yo creía perdida para siempre en mi memoria, vimos acercarse hacia nosotros una pareja, un hombre y una mujer, evidentemente agotados y mal vestidos, como quien se ha cansado de andar buscando una respuesta, con dos niños pequeños, un varoncito desnutrido, de la mano del supuesto padre y una niñita famélica, cargada y con su cabecita recostada del hombro de su mamita, todos con esa apariencia terrible que produce la más profunda miseria no sólo por sus ropas y el empercudimiento de pieles sin los más elementales cuidados, sino por su mirada que grita pidiendo ayuda a no se sabe ya bien, a quién, pues se quedaron sin fuerzas para intentar cualquier tipo de fe.

Nos preguntaron dónde se podía comer algo, y les respondimos a una, que al frente vendían pizzas pero… negaron con la cabeza (cada pizza cuesta mínimo $10.00 MN y ellos eran cuatro) Comprendimos.

Entonces les indicamos otro “lugarcito” del Estado, que aunque sabíamos era de pésima calidad, al menos podrían llevarse algo a la boca, (si les alcanzaba).

Y ya se disponían a continuar su camino, cuando Dios, que no te suelta si no te sueltas tú, quiso demostrar su Presencia, en uno de sus milagros diarios.

El muchacho dueño de los boniatos, detuvo a la mujer que llevaba la niña cargada, por un brazo y solícito, le ofreció que tomara todos los boniatos que quisiera de sus sacos. Por un momento pensé que ella no lo haría por el peso y el cansancio que ya llevaba, sin embargo sus ojos apagados se iluminaron como con una chispa divina y mostró una leve sonrisa, grande para ella, que dejaba ver su boca sin apenas dientes a pesar de ser una joven mujer, pero que en aquel momento la hacía lucir hasta bonita. El hombre, su marido, no hablaba, sólo miraba austero, como si en emitir un ínfimo sonido, le fuera su dignidad ya tan lastimada de hombre que por mucho que se esfuerce, no se siente capaz de proveer lo indispensable a los que ama. El niñito miraba ansioso, quizás porque el hambre le urgía, pero que como muchos de los hijos de la miseria, al no ser sobreprotegidos ni mimados, aprenden a callar cuando es importante, en respeto a sus padres, y la niñita que no se podía determinar si era tan pequeña y delgada por la edad o por atrofia de un raquitismo propio de la mala alimentación, aunque despierta, estaba como ida.

La joven mujer, abrió una bolsa que no se sabe de donde sacó y aunque tímidamente empezó a tomar algunos de aquellos boniatos benditos, mientras el muchacho la animaba diciéndole “Coja más, coja más, no tenga pena” Fue así que me descubrí , recordando a Martí y su Pilar de “Los zapaticos de rosa”, y no pude seguir mirando, por lo que me aparté un poco, pues se me hizo un nudo en la garganta, y no quería asustar a la pobre mujer, con mi exceso de expresividad ni mi acostumbrada “intensidad”.

Finalmente, y con alivio, vi como se alejaban los infelices, casi felices con su carga y me viré hacia el muchacho y con lágrimas que ya no podía parar, diciéndole “Perdona”, lo abracé y le di un gran beso apretándolo como si fuera mi hijo del alma, susurrándole a la vez, Gracias; Él, me sonrió y humildemente no dijo nada, pues no era necesario.

¿Podría este gobierno, que tanto preconiza “por los humildes con los humildes y para los humildes”, cometer un acto de enorme altruismo y con el dinerito que no nos han pagado por 53 años o sea, que nos deben, invertirlo en comprar boniato suficiente a los precios de los cuentapropistas, como para regalar todos los días a los pobres y los perros o viceversa, “que no es lo mismo, pero es igual”, en este país?

No estaríamos a mano, pero por algo se empieza.

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2 pensamientos en “EL BONIATO

  1. rachelin en dijo:

    Exagerada esta anécdota todos sabemos que no es así.
    La necesidad es real en cuba pero no tan tetrica por diossssss!!!!!

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  2. Triste relato, ese tubérculo de sabor dulce tan típico de ese cubano pobre que desapareció de nuestra mesa hasta el punto del olvido y que yo “mal” sembré en los campos de concentraciones que se hicieron en Cuba bajo ese régimen castro-comunista, no lo reconocí cuando fuí a vivir a Venezuela en el 1984.
    Realmente lo había olvidado, literalmente lo desaparecieron de la dieta del cubano.
    Cuando hablo de lo “mal sembré” me refiero a su siembra que se hace por gajos con las yemas laterales hacia arriba para cuando eche las raíces pueda nacer el tubérculo, si la yemas laterales las pone boca abajo el gajo crece frondoso pero no echa los tubérculos y eso era lo que yo hacía.
    Aquí en Puerto Rico le llaman “batata.”

    Me gusta

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